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Lo hice y lo entendí

El blog de Vicente Navarro
24 Ago

Alternativas al Ghost para crear imágenes de NTFS en Linux: Partimage y ntfsclone

En tiempos del MS-DOS, cuando querías desinstalar una aplicación, solía ser muy sencillo: borrabas el directorio en el que estaban todos los ficheros de la aplicación y ya está. Tal vez, como mucho, tenías que repasar el AUTOEXEC.BAT por si esa aplicación había hecho alguna modificación. En tiempos de Windows 3.1, cuando instalabas una aplicación, en la inmensa mayoría de los casos, no había ninguna opción para desinstalarla, y seguir con la costumbre de MS-DOS de eliminar el directorio, a menudo dejaba muchísimos rastros detrás, tal vez en el SYSTEM.INI, tal vez en el WIN.INI, o tal vez en el registro de windows que, sí, en Windows 3.1 ya existía. De modo que la necesidad de estar reinstalando el Windows 3.1 frecuentemente si queríamos tener todo bien limpio era bastante alta.

En Windows 95 se introdujo la característica de que las aplicaciones se pudieran desinstalar desde el panel de control y, sobre todo, la mentalidad de que los programas de Windows debían facilitar su desinstalación. Esta forma de trabajar sigue en Windows hasta hoy en día. Esto mejoró algo las cosas en lo que respecta a la limpieza del sistema. Hay programas que hacen un mejor trabajo, hay programas que hacen un peor trabajo, pero la realidad, y en esto coincidiremos casi todos, es que a pesar de ello, conforme pasa el tiempo para una instalación de Windows en la que frecuentemente se instalan y desinstalan aplicaciones, su limpieza y, sobre todo, su rendimiento, van bajando dramáticamente, conduciendo al software rot (rot=putrefacción) y a la necesaria y bien conocida tarea de reinstalar Windows.

Es por todo esto que cuando en tiempos del Windows 98 descubrí el Ghost, mi forma de trabajo con Windows cambió para siempre. Antes lo habitual era no querer probar nuevos programas ni hacer grandes virguerías no fuera que el Windows se ensuciara mucho. Desde entonces la política siempre ha sido crear una imagen muy limpia y estable de Windows y no cortarme en absoluto haciendo cualquier prueba, más o menos destructiva que quiera hacer, sin pensar si dañará más o menos a la actual instalación de Windows. El proceso es tal que así con cada nuevo ordenador que cae en mis manos:

  1. Se instala Windows y se personaliza con las opciones, programas y utilidades que realmente usamos siempre.
  2. Se crea una imagen de la partición de Windows.
  3. Se usa Windows con total libertad sin ningún temor a que “se ensucie”.
  4. La única limitación es que está totalmente prohibido guardar datos personales en la unidad de Windows, la C. Los documentos y archivos que van cambiando (por ejemplo, los ficheros .pst de Outlook o la caché de Google Desktop) han de crearse en otras particiones. Las aplicaciones portables ayudan mucho a seguir esta filosofía de trabajo. Por ejemplo, es posible tener las versiones portables de Firefox y Thunderbird en otra partición de forma que una recuperación de la imagen no nos haga perder todas sus personalizaciones. No creo que sea necesario recordar cuán importante es hacer backup de esos datos de otras particiones.
  5. Tras X semanas (cuando sea necesario, pero sin dejar que pase excesivo tiempo) se recupera la imagen. Si necesita alguna actualización, se vuelve a crear una nueva imágen con los últimos retoques.

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